Variaciones entre Hijikata y Artaud

Texto para Ciclo Tardes y Noches de Butoh.

Florencia Carrizo- Verónica Cohen

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron un punto de inflexión para la cultura japonesa. Por un lado, porque transformó las memorias corporales: aparecen los fantasmas de enfermedad, muerte y descomposición. Por otro lado, porque hay un cambio cultural: la invasión de occidente, principalmente del american way of life, pero también la aparición de obras de artistas europeos ligados a las vanguardias estéticas como Antonin Artaud, Hans Bellmer, Jean Genet, entre otros. Vamos a hablar acerca de los cruces entre la obra de Antonin Artaud y el Ankoku Butoh de Tatsumi Hijikata, que surge en esta coyuntura.

El Ankoku Butoh en principio, podría ser descrito como un pensamiento que se encarna, un territorio de indistinción entre mente y cuerpo, entre un cuerpo irremediablemente tenso y dividido entre animalidad y humanidad. El butoh, como filosofía práctica, reafirma y complejiza los cambios en nuestra percepción consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Tatsumi Hijikata, desde los devenires potencia hasta el acto el deseo artaudiano de habitar la vida para acabar con la herencia del idealismo del cuerpo, que en occidente, tal como el propio Artaud define, se consagra a partir de la creencia en la organicidad y funcionalidad de la vida sacrificándola en pos de un bien superior que la torna impotente: la cultura de la vida muerta.

Hijikata no sólo se nutre de las ideas de Artaud, sino que también las hace propias, las encarna en su cuerpo. Hijikata danza aquello en lo que Artaud naufraga. Artaud desconfía de los dobles, en ese sentido desconfía del lenguaje, y es allí donde encuentra el cuerpo. El cuerpo como lugar donde ir en la búsqueda de aquello que ya no es lo que la sociedad busca de él, aquello que le impone ser, aquello que “suicida”. Hijikata también confía en el fondo, en lo oscuro, aquello que no se ve. Aquello que sin verse, es tal vez más lo que es que lo que está en su luz. Él dice: “¿Qué pasaría si arrojo una escalera adentro y bajo por ella?” (Kuniichi, 2012, p. 60). Esto suena tan similar a cuando Artaud habla de “la dilatación del cuerpo de la noche interior” (Kuniichi, 2012, p. 59). De un lado, descender a lo profundo, del otro, que las profundidades, se dilaten, se expandan, que nuestra noche tome nuestros cuerpos. ¿Qué provoca estas búsquedas y qué consecuencias tiene?
Las “revelaciones” de Artaud, porque de ningún modo podríamos hablar de pensamiento, ideas, en un hombre tan crítico de la confianza en la razón, surgen de las condiciones de su vida, tienen la fuerza de lo visceral, porque no son tan sólo búsquedas formales, sino que son incisivas. Mezclan la desesperación con la resignación y apropiación de la muerte.

Como el “artista del hambre” de Franz Kafka (que no encuentra una comida de su agrado, tampoco Artaud encuentra el mundo que lo rodea, del suyo. Entonces vive su hambre con todos los paisajes que se le presentan. Hijikata, comparte con Artaud el origen de desviado, excluido de la sociedad. En 1951, Hijikata se muda a Tokio. Artaud emprende su viaje a la gran ciudad de París en 1920. Antes había sido atravesado por enfermedades, la muerte de su hermana, una internación psiquiátrica. Hijikata, viaja cargando el estigma de una pierna muy corta para la danza y su origen campesino. En Artaud debe haber encontrado un guía, un cómplice a su inadaptabilidad. Hay un texto de Hijikata que se llama “La Pantufla de Artaud”. El comienza diciendo: “Felizmente, nosotros ya sabemos que hemos sido hechos para vivir y morir en el temor del derrumbe del pensamiento” (Hijikata). “Ya sabemos” porque fue Artaud quien arriesgó su pensamiento, fue hasta el fondo y allí lo que encontró fue la carne. La danza de Hijikata empieza precisamente allí: en la piel y en la carne. Ya no hay músculos siguiendo una forma. Sino que la forma surge en lo oculto.
La sombra no permite doble. Lo sensible aparece para Hijikata por el espíritu. El espíritu siempre está precedido por la forma. Es la forma la que lo hace aparecer. Artaud también está buscando el espíritu, un Espíritu con mayúsculas que se le escapa, que se le esconde y lo hace sufrir en limitaciones.

Este “Espíritu” tienen mucho de las “esencias” de Spinoza. Sin embargo no nos engañemos, en esta relación hay encuentros y desencuentros. La esencia en Spinoza es “un grado de potencia” (Deleuze, 1981). Para Artaud, y también para Hijikata, el límite y la posibilidad de esta esencia es la carne. Podríamos decir que para ellos siempre la sociedad va a presentarnos “afecciones tristes”. Pero, al mismo tiempo, aunque en ambos, la salida no está en las grandes utopías del siglo XX, no está en un partido, un régimen político, etc., en el fondo podemos leer las ideas nietzscheana de un hombre nuevo, de un superhombre, de un hombre soberano, diría Bataille (1996, p.84).
Hablamos de superhombres y lo que encontramos son un enfermo psiquiátrico y un alcohólico. Al menos así la sociedad patologizará a estos dos personajes. Sin embargo, esto sería convertir lobos en perritos, parafraseando a Deleuze y Guattari (2002). Pero en ellos se mezcla la destrucción con la vida. Como dice Artaud: “Y es así que por todos los ángulos, la destrucción tan buscada ha sido deseada conscientemente por los hombres, y yo pienso que ella es deseada ocultamente por todos como el único medio de salvarnos de un mundo en que la vida ya no puede ejercerse” (Pellegrini, 2012, p. 31) Cada uno a su manera se destruyó y reconstruyó. En Hijikata es muy claro esto en su relación con el alcohol y la vida en clubes nocturnos. Lugares, imágenes, cuerpos, movimientos, que no encajan, que no se adaptan a lo que la sociedad pretende que sea lo bello, a lo que los críticos de arte esperaban de la danza, de la poesía, del teatro. Como dice Ko Murobushi:

“Pues mi ser es bello pero espantoso. Y sólo es bello porque es espantoso.
Espantoso, espanto, formado de espantoso.
Curar una enfermedad es criminal
Significa aplastar la cabeza de un pillete mucho menos codicioso que la vida
Lo feo con-suena . Lo bello se pudre.”

Para Artaud, al nacer nos perdemos. El nacer es deteriorarse. Kuniichi trabaja en cómo Hijikata comparte esta perspectiva con Artaud. El recuerda las siguientes palabras de Hijikata: “Nací, ya destruido, fui destruido al nacer, he nacido con una grieta” (Kuniichi, 2012, p. 63)
Artaud desconfía del lenguaje. Cómo no desconfiar de aquello que ya de por sí presenta reglas, jerarquías, de aquello que se propone como representación de un ausente. Sin embargo, no abandona el lenguaje, sino que la poesía le da un modo carnal. En ese sentido la palabra es acción:

Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye a las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre.
Hijikata retoma esto, y pule su lenguaje para que accione formas en los cuerpos, el suyo y el de los bailarines que después dirige.

Noviembre, 2016
http://tardesynochesdebutoh.blogspot.fr/p/el-cuerpo-vacio-del-poema.html

Bibliografía:
AGAMBEN, G. A comunidade que vem. Belo Horizonte. Autêntica, 2013.
ARTAUD, A. El teatro y su doble. Buenos Aires: Sudamericana, 1979.
ARTAUD, A. Van Gogh, el suicidado por la sociedad. Buenos Aires: Argonauta, 2012 [1968]
BATAILLE, G. Lo que entiendo por soberanía. Barcelona: Paidós, 1996.
BENJAMIN, B. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Madrid: Taurus, 1973.
DELEUZE, G. Francis Bacon, Lógica da sensação. Rio de Janeiro: Zahar, 2007.
DERRIDA, J. El teatro de la crueldad y la clausura de la representación. In: La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos, 1989.
KUNIICHI, U. A genese de umcorpodesconhecido/ thegenesis of anunknownbody. Sao Paulo/ Helsinski: n-1 Publications, 2012.
PELLEGRINI, A. AntoninArtaud, el enemigo de la sociedad. In: Van Gogh, el suicidado por la sociedad. Buenos Aires: Argonauta, 2012
ZUZULICH, J.Performance, la violencia del gesto. Buenos Aires: Instituto Universitario de Arte

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